Pueblo: población, villa, aldea o lugar pequeño
que no excede los diez mil habitantes.
Hace tiempo ya
que seguramente la gran mayoría de las localidades cabeceras del interior de la
provincia de Buenos Aires dejaron de ser pueblos en su acepción estricta. El
“ser de pueblo”, pese a ello, no es algo tan fácil de erradicar y persiste en
toda comunidad pequeña o, mejor dicho, toda comunidad que no sea tan grande. En
el pueblo se respira tranquilidad.
El pasado fin
de semana hice una de las ya casi rutinarias visitas a mi ciudad-pueblo de origen.
Y como bicho raro con aires de gran urbe, uno planta la suela en las calles
otrora polvorientas para observar estupefacto sucesos inauditos. Vamos, de
todos modos, por partes.
“Semana chanta”.
Yo, como buen católico no practicante, le llamo erróneamente “semana santa” a
los cuatro días que conforman esas mini vacaciones extraordinarias que van de
jueves a domingo santo, como sí la semana santa no fuera realmente una semana
entera. Error conceptual de católico devenido en casi ateo. Punto. Bueno, este
fin de semana pasó algo similar: mini vacaciones de jueves a domingo. Ahora, el
motivo de las mini vacaciones fue un suceso nefasto recordado el jueves 24
(feriado nacional). Sin embargo, en este país, donde las cosas son mas chantas
que santas, razonamos astutamente: “¿cómo vamos a laburar el viernes si nos
queda sándwich ahí entre un feriado y un sábado? empalmemos todo mejor, y
recordemos y conmemoremos tan relevante fecha a lo largo de cuatro días desde
la costa atlántica tirados en alguna playita”. Semana chanta, amén!
No merece que
me detenga mucho más en ello. Simplemente vergonzoso. La cuestión es que dicho
ímpetu antilaboral nacional me llevó a visitar mi pueblo natal. Y allí pasé
cuatro días entre salidas, asadito, un pub rural (!), un amorío en puerta (!!),
futbol y fernet. Pero hay algo más. Una brisa revolucionaria (?!) ha sembrado
un debate fuera de tiempo y espacio. Mi casa paterna, allí, en mi pueblo, se
encuentra ubicada en la calle Julio Argentino Roca. Hoy hay un proyecto que
intenta cambiar el nombre de dicha calle por el de “Pueblos Originarios”.
Pueblo: conjunto de personas de un lugar, región
o país, que tienen un mismo origen o comparten una misma cultura.
Pueblos originarios
vendría a englobar todo lo que había acá antes de que Pizarro y cia. empezaran a
arrasar. Así de simple parece ser. Y así de simple es la situación en mi
ciudad: un 5% de la gente (el ala “progresista renovadora revolucionaria”)
impulsa el cambio de nombre. Un 2% de la población (aprox.) no quiere cambiarle
el nombre (los que viven en esa calle, claramente). Al restante 93% le importa
absolutamente tres carajos. Yo me creo capaz de mirar la situación de forma un
poco más neutral, pues soy casi forastero. Analicemos.
Quienes
impulsan el cambio alegan datos cuasi obvios: la consideración de Roca como
genocida por ser el ideador de la
Campaña del Desierto, la cual ocasionó la muerte de miles de
nativos. Quienes rechazan el proyecto alegan, por sobre todas las cosas, que en
lugar de ensañarnos exclusivamente con Roca habría que rever la idolatría de
tantos “próceres” de dudoso mérito.
Ambas cosas
son ciertas. El conglomerado de próceres merecería, en todo caso, una revisión
total, uno por uno, y no parcial. En ese contexto, Roca fue un genocida. Haya
hecho lo que hizo en nombre de quien sea, fue un genocida. Es cierto, también,
que la campaña que él impulsó es responsable de que hoy la mayor parte de la Patagonia sea argentina.
Léase: de no haber existido la
Campaña del Desierto, la Patagonia no sería hoy un área liberada para
aborígenes, sería ni más ni menos que un extenso trozo de desvastado e insulso territorio
chileno. Y muchos de quienes hoy abogan por los pueblos originarios tienen también
un sentimiento patriótico altamente exacerbado. Una especie de “Tío Sam”
criollo. Llego así, como quien no quiere la cosa, al punto que me interesa
resaltar de todo este asunto. Me parece clave ser sinceros con nosotros mismos:
Argentina y los pueblos originarios, en su esencia, son incompatibles.
Considero casi
una falta de respeto que yo, 4ta generación de mezcla de irlandeses con tanos y
gallegos, me enerve hoy defenestrando la colonización y sus exabruptos cuando
soy y somos hijos directos de dicho proceso (digo somos en referencia al
argentino medio habitante de Santa Fe y Córdoba para abajo). Si no se hubieran
sucedido las cosas como fueron simplemente no existiríamos. Obvio que me causa
escozor pensar en la despiadada matanza efectuada a culturas genuinas y autóctonas.
Pero que más puedo hacer si probablemente algún bisabuelo mío haya montado a
caballo por la estepa decapitando indígenas. La fundación misma de mi cuidad natal
significó en su momento una decisión estratégica en pos de expandir las
fronteras de la “civilización” frente a la “barbarie” aborigen. Sí, esa es la
ciudad que hoy los quiere homenajear hipócritamente, rebautizando un trozo de
asfalto que sepulta su sagrada pachamama.
Por otra
parte, ¿quienes somos nosotros para juzgar tan determinantemente el pasado si
no somos ni siquiera capaces de aprehender de forma correcta y/o unánime
nuestro presente? ¿Cómo analizar con parámetros actuales un pasado tan
distante? Y estamos haciendo una doble descalificación: por un lado a la
historia en sí (en este caso la de Roca), y por otro estamos pasando por alto a
quién en algún momento decidió bautizar una calle o adornar un billete con la
embestidura de Roca. Queramos o no, Roca fue una pieza clave en la construcción
de la Argentina
tal cual la conocemos. A nivel geográfico y cultural. Fue determinante.
Insisto, desde el inicio Argentina y los pueblos originarios fueron
incompatibles. Y nada va a cambiar tan solo transformando nuestra simbología
cuando la esencia y el contenido sigue siendo el mismo.
Hay vestigios
en la actualidad de esas comunidades originarias. Quedan pequeños poblados en
zona de montaña, acorralados por la propiedad privada y el estilo de vida
occidental. ¿No sería acaso más provechoso pensar en como evitar que esa gente
desaparezca en lugar de perder el tiempo en discusiones vanas? Nunca se van a
sentir parte de este país ni de ninguno, hagámosles entonces al menos la
estadía más digna. Probablemente Roca se paseó hace mas de cien años sobre la
línea que hoy es su calle y allí mismo acribilló a algún nativo. Ahí está el
recordatorio, cada vez que salgo a la calle, explicando a diario lo que llegamos
a ser, y el por qué de todas nuestras miserias como humanos y como país. Es
tiempo de aceptarnos tal cual somos. Siempre es tarde para cambiar el pasado.
Me volví a la
urbe, cabizbajo, presintiendo que la crispación y el enfrentamiento sin razón
se apoderan de ese rincón olvidado, tal cual se apoderan de nuestro país en los
tiempos que corren. Si algo podemos hacer en honor a esos pueblos originarios
es honrar la tierra que pisamos y habitarla en paz. Seamos entonces más de
pueblo que de ciudad.
Coincido plenamente en lo que decís de la semana chanta!
ResponderEliminarEl resto, la verdad, me parece terrible. Perdón, pero yo soy de las que piensa que no hay que conformarse con l que tenemos... siempre hay tiempo para cambiar. Y si bien no podemos cambiar el pasado, si podemos cultivar el camino hacia el futuro!
Besote
Chivy
A no malinterpretar, el no renegar del pasado es clave para construir un futuro. Y si realmente se quiere cambiar, se lo debe hacer en serio y no de la imagen para afuera.
ResponderEliminarY admití que gracias a Roca estas allá jaja. Besos!
No! Acá estoy gracias a mi y a la gente que me bancó! Con Roca gracias a Dios no tengo nada que ver... ja! Y no comparto esa idea de que la campaña del desierto benefició a la patagonia!
ResponderEliminarChivy
A no malinterpretar (bis). La campaña del desierto no benefició a la Patagonia, todo lo contrario, la convirtió en territorio argentino, tamaña desgracia!
ResponderEliminarcreo que teniendo en cuenta que no se puede cambiar el pasado, se torna inevitable el querer cambiar al menos un pelito del presente, por eso la reacción por desterrar a roca de nuestra vista (bá de la de algunos).
ResponderEliminaryo soy de la pampa, no me interesa la patagónia, jeje! no pertenece a mi realidad espacial...(quizás no sea una ventaja el poseer la patagonia)
no deberia haber fronteras. (aguante lennon)
Juli, no caigas en la soberbia. Eso es feo!
ResponderEliminarY coincido con quien comentó anteriormente, de que no debería haber fronteras!
Besos
Chivy