¿Qué es la
globalización? Sinceramente, hasta hace un tiempo pensaba que la globalización
eran los coreanos del super de la vuelta de mi casa, o de su casa, señora,
señor, porque todos tenemos un coreano a la vuelta. Algunos más poéticos
pensaron que la globalización era Sir. John Lennon pidiendo por la paz mundial desde la catrera con un bicho
japonés. Pero no. La globalización se presentó formal y explícitamente hace un
par de días.
Un negro
hawaiano devenido en máxima autoridad de la máxima potencia, condecorado con el
más prestigioso premio sueco a la paz da desde territorio brasileño la orden de
bombardear Libia, en pos, entre otras cosas, de evitar que Europa se quede sin
provisión de combustibles fósiles, incluidos lógicamente los suecos que le dieron
el premio y, por ejemplo, el hijo de Lennon.
El pasado
párrafo, textual, se lo recité al mencionado coreano de la vuelta, a lo que
respondió lucidamente: “moneta, moneta, ¿tiene moneta?” Frío y calculador, su
máxima ambición en la vida pareciera ser tener cambio en esa caja de metal. Lo
esencial de todo esto (y que intenté reflexionarle al oriental) es que, cuando
ya casi nos habíamos olvidado de que media constantemente entre nosotros, la
globalización se hace explícita como para que hasta el más asno la perciba. Y
porque sí, que un dictador loco someta a su pueblo, ahora, es un problema
global. Así que metamos la chuchara tranquilos que hay para todos. ¿Y el Nobel?
En Suecia. ¿Y la paz? En Bolivia. Ven, eso también es globalización.
La
globalización entonces la podemos definir, con el perdón de Newton, como una
especie de acción-reacción a gran escala: se me congela la heladera en Baires y
se derrite un glaciar en el polo norte, el silencio del desierto africano deja
sordo a un neoyorkino, alguien mata una hormiga en el Amazonas y nace un oriental
al otro lado del mundo (sí, aunque le dijera esa barbaridad el coreano me seguiría
pidiendo monedas). La abundancia en un sector es igual y proporcional a la
carencia en otro, por más distantes que sean. Son drásticas mis analogías pero
no distan tanto de la realidad.
He aquí, a
modo de epílogo, algunas moralejas que nos deja todo este asunto:
-
Cuando en 2009 se le entregó el premio Nobel de la Paz a un presidente
norteamericano sucesor de Bush, y todos dijimos: ¡¡¡¿¿¿queeeee???!!!, teníamos
razón.
-
Obama no nos va a visitar hasta que no rescatemos al
menos 33 personas de algún recoveco con ayuda de la NASA y lo trasmitamos en
directo (y dejemos de fingir ser zurdos, además).
-
La diplomacia es como decir que una fea es
simpática.
-
Lennon realmente creía en la belleza interior de las
personas.
-
Cualquier insinuación verbal al cajero de un super
coreano le es excusa para “globalizarte” las monedas.
-
Para evitar caer en el escabroso terreno de las
reflexiones profundas y los interrogantes existenciales (como yo), es
recomendable hacer las compras en Carrefour, que total… es francés.
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