viernes, 1 de abril de 2011

Globalizando la paz y la moneda

¿Qué es la globalización? Sinceramente, hasta hace un tiempo pensaba que la globalización eran los coreanos del super de la vuelta de mi casa, o de su casa, señora, señor, porque todos tenemos un coreano a la vuelta. Algunos más poéticos pensaron que la globalización era Sir. John Lennon pidiendo por la paz mundial desde la catrera con un bicho japonés. Pero no. La globalización se presentó formal y explícitamente hace un par de días.
Un negro hawaiano devenido en máxima autoridad de la máxima potencia, condecorado con el más prestigioso premio sueco a la paz da desde territorio brasileño la orden de bombardear Libia, en pos, entre otras cosas, de evitar que Europa se quede sin provisión de combustibles fósiles, incluidos lógicamente los suecos que le dieron el premio y, por ejemplo, el hijo de Lennon.
El pasado párrafo, textual, se lo recité al mencionado coreano de la vuelta, a lo que respondió lucidamente: “moneta, moneta, ¿tiene moneta?” Frío y calculador, su máxima ambición en la vida pareciera ser tener cambio en esa caja de metal. Lo esencial de todo esto (y que intenté reflexionarle al oriental) es que, cuando ya casi nos habíamos olvidado de que media constantemente entre nosotros, la globalización se hace explícita como para que hasta el más asno la perciba. Y porque sí, que un dictador loco someta a su pueblo, ahora, es un problema global. Así que metamos la chuchara tranquilos que hay para todos. ¿Y el Nobel? En Suecia. ¿Y la paz? En Bolivia. Ven, eso también es globalización.
La globalización entonces la podemos definir, con el perdón de Newton, como una especie de acción-reacción a gran escala: se me congela la heladera en Baires y se derrite un glaciar en el polo norte, el silencio del desierto africano deja sordo a un neoyorkino, alguien mata una hormiga en el Amazonas y nace un oriental al otro lado del mundo (sí, aunque le dijera esa barbaridad el coreano me seguiría pidiendo monedas). La abundancia en un sector es igual y proporcional a la carencia en otro, por más distantes que sean. Son drásticas mis analogías pero no distan tanto de la realidad.

He aquí, a modo de epílogo, algunas moralejas que nos deja todo este asunto:
-          Cuando en 2009 se le entregó el premio Nobel de la Paz a un presidente norteamericano sucesor de Bush, y todos dijimos: ¡¡¡¿¿¿queeeee???!!!, teníamos razón.
-          Obama no nos va a visitar hasta que no rescatemos al menos 33 personas de algún recoveco con ayuda de la NASA y lo trasmitamos en directo (y dejemos de fingir ser zurdos, además).
-          La diplomacia es como decir que una fea es simpática.
-          Lennon realmente creía en la belleza interior de las personas.
-          Cualquier insinuación verbal al cajero de un super coreano le es excusa para “globalizarte” las monedas.
-          Para evitar caer en el escabroso terreno de las reflexiones profundas y los interrogantes existenciales (como yo), es recomendable hacer las compras en Carrefour, que total… es francés. 

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