Sueños, pesadillas, fantasías…. grandes
eslabones de una misma cadena onírica en la cual nos sumergimos durante lapsos
relativamente breves. Y allí vale todo, el surrealismo es ley, o la ley es justamente
su propia inexistencia. “Ley.” No sé si “ley” sea la palabra más apropiada. Hablemos
mejor de sentido común. El mundo onírico, entonces, roza y transgrede las
barreras del sentido común.
Hace un tiempo reflexionábamos en este
mismo espacio sobre lo irreal que parecían determinados hechos de nuestra
cotidianidad política (*). Irreales, sin más, por no ser capaces de sobrevivir a un análisis con
una pizca de sentido común. Dichos actos, y tantos otros, parecen pertenecer
más al mundo de los sueños que al mundo real.