Lo que
semana santa nos dejo. Antes que nada, algunas salvedades:
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Pascua, para la mayoría de la gente, no es
más que otra excusa para comer y chupar a rabiar en familia.
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No es recomendable hacer un asado a modo
de cena un jueves santo porque muy probablemente se te demore y termines
comiéndolo el viernes a las 00:10hs. De todos modos, hay quien dice que tampoco
se puede comer carne un jueves santo. En ese caso, estamos al horno hace rato.
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Decir en viernes santo que “el pescado no
es pecado”” (o algo así) es un chiste obvio y bobo.
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Es fija que a lo largo de la semana nos
enchufen por tele varias veces “La pasión de Gibson”.
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No todas las catequistas se parecen a su
estereotipo, o sea… no todas son viejas y gruñonas. Doy fe que existe
exactamente la antítesis.
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Escribir en tercera persona es la mejor
herramienta de quien no se asume autor de los hechos, je.
¿Puede
un pecador empedernido no conformarse con el ya considerable exabrupto de comer
carne un viernes santo? Oooohhhh!!!! Sí, el pecador puede aun intentar un
sacrilegio mayor. Puede que pase por su cabecita, ajeno al gran valor simbólico
de determinadas fechas, intentar acercamientos desmedidos en momentos
inoportunos, claro está. A saber: una tibia insinuación amorosa hacia una
catequista a las puertas de su hogar en la madrugada de pascua, con el
repiqueteo de las campanas parroquiales de fondo, justificando dicho acto por
la proximidad espontánea (¿espontánea?) y evidente producida en el último
tiempo entre los dos individuos en cuestión, a lo que la susodicha responde con
una tímida sonrisa que lejos está de significar una negación. Pero claro,
zonzo, son las 8 de la mañana, estas borracho, hace frío, es pascua, y estas
gritando tus intenciones en la puerta de su casa paterna, a una persiana de
distancia del lecho de reposo de sus padres. Al caer en la cuenta de esa
situación, sos invitado amablemente a intentarlo en otra ocasión. Y no rompas
los huevos (de chocolate).
El pecador,
consiente de su situación de pecador frustrado, se marcha repasando los hechos
preguntándose qué debió haber sido de otra manera. “Che, el pibe quiere pecar y
no le sale!!!” Sabe, sin embargo, que si las situaciones y los resultados no
son insólitos, parece que no fuera él: todo lo que hace tiene que ser digno de
ser recordado en un futuro como algo cómico. ¿O acaso no fuiste alguna vez
sustituido en tu rol dentro de una pareja por una chica? Sí, una chica.
¡¡¡Dios!!! En fin, algo podría haber sido diferente esa madrugada, y en el
camino de un par de cuadras frías el pecador repasa lo acontecido.
Dos
hechos fueron clave para que el pecador dude de la realización de su pecado de
pascua (acercamiento a la catequista), el cual finalmente realizó aunque no de
forma totalmente exitosa. Es medio nabo el pecador, convengamos. En primer
lugar, el pecador se entera del “affaire” de la catequista con un amigo suyo
(¡¡¡válgame Dios!!!), el cual conoce en demasía y puede dar fe de la escasa
cordura que en su mente gobierna. Al pecador le resulta sorpresivo el vínculo
entre estas dos personas y se empieza a preguntar si la catequista le fuera realmente
correspondida. En segundo lugar, la catequista insiste a lo largo de la noche
sobre las posibles “segundas intenciones” de una amiga en común para con el
pecador. O sea, la catequista arenga al pecador a “avanzar” a una amiga en cuya
mente tampoco reina mucho la cordura, y quien además pareciera ser mucho menos
susceptible de tener intenciones románticas que, por ejemplo, la catequista. Y
sí, estamos todos locos. Un clavo para vos y uno para mí, y que duelan esa
palmas!
Todo
esto atentó contra la moral del pecador quien estuvo a punto de suspender toda
la arremetida. ¿Pero que clase de pecador se deja convencer por un leve guiño
de la realidad? Se sintió tocado en su orgullo “pecoso” (no, no tiene pecas, se
entiende la expresión, no busquen el pelo al huevo), así que a último momento
se decidió y cual manotazo del ahogado jugó su última carta. No fue peor que no
haber jugado, ojo, pobre, seamos justos con él. Y parece que las cartas están
aun en la mesa…
El
pecador no pudo pecar todo lo que hubiera querido, quizás pecó de respetuoso y
no vio digno de sí un pecado semejante como besar a una catequista en pascua. ¿Cuando
será la próxima vez?..., andá a saber. ¿Navidad? ¿O se puede pecar durante todo
el año? ¡Pucha! A veces el pecado,
quizás…, tal vez, es no pecar.
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