miércoles, 4 de mayo de 2011

Obama brama, ya nada trama este Osama

“El líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, ha muerto”. Con ese titular nos fuimos a dormir el pasado domingo, esperando escuchar quizás el vuelo bajo de algún avión buscando venganza. Bueno, acá si vuela bajo un avión es seguramente por falta de combustible porque lejos estamos de ser una mira digna en el mapa internacional. ¿Vieron? El ser tercermundista a veces tiene su lado positivo. Es cierto también, que desde nuestro rinconcito, no sabemos bien que posición tomar ante esta noticia. Si ponernos tristes, si ponernos contentos, si hacernos los indiferentes. Murió Osama Bin Laden. ¿Y?
Hay quienes van más lejos y ya dicen que Osama no murió y que en realidad habita alegremente ese limbo de celebridades dueñas de muertes dudosas, donde puede jugar largas partidas de póker con Walt Disney y Yabran, por ejemplo. Algún desubicado sugirió que uno de sus más recientes huéspedes es también Néstor K, teoría que no adscribo. “Mejor no hablar de ciertas cosas”, diría Luca Prodan.
Lo cierto es que el “Nobel” Obama anunció triunfal la muerte de Osama y puso en claro, de pasada, que su país hace lo que se le antoja y que nadie lo para y que no se hagan los vivos, bla bla bla… En términos diplomáticos dijo más o menos eso. Y la gente celebró la “venganza” en las calles. ¿Qué venganza? La venganza del ataque que hace casi diez años recibieron a modo también de venganza por los inescrupulosos manoseos que constantemente efectúan sobre pueblos y culturas en las cuales no deberían cortar ni pinchar. Pero las victimas son los mal llamados americanos. Ahhh, sí, sí. Son ellos los que sufren ataques solo por amor al odio. Pobrecitos, justo ellos que no se meten con nadie. ¿Por qué no atentarán contra los chinos que son tantos y hasta quizás se les hace un favor?
De todos modos, decir lo que vengo diciendo parece casi trillado. Todos afirman a diario lo mismo y ya lo sabemos: EE.UU. cosecha lo que siembra. Punto. Se escuchan también algunos que desde acá (¡sí, desde acá!) sostienen que ahora se puede “vivir más seguro” (?). Dejémonos de joder, como si a alguien le importara nuestra existencia. En este rincón del mundo, mientras el petróleo los mantenga distraídos y los haga olvidar del agua, estaremos a salvo y seremos meros espectadores de la carnicería del primer mundo.
Valga la rima, ambos Osama y Obama, en sus respectivos momentos, me resultaron simpáticos. Osama, pese a ser ideólogo de una masacre, era una especie de Robin Hood del horror: mataba al que más ducho era en el arte de matar. Y sí, dolía ver las imágenes de las torres, ¿pero acaso no se nos cruzó por la cabeza un “al fin les toca una a ellos”? Obama, por su parte, me compró con su imagen de presidente siglo XXI, pacifista y conciliador. No tardó, sin embargo, en cambiar su imagen y alinearla con la de sus predecesores.
Entonces, henos ante una doble pérdida. Limpiaron a alguien que “peleaba” contra la “opresión yanqui”, y aquel yanqui que pensamos que podría llegar a derrumbar desde adentro mismo dicha opresión demostró sobradamente cuan equivocados estábamos en nuestro pensamiento. Ambos personajes se esfumaron de sopetón. Chau Osama, chau Obama,  descansen en paz… si vuestras conciencias lo permiten.  

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