“Shhhh!!!
está por hablar la presidenta.” / “¿Ehhh? ¿y ahora por qué?” / “Por eso de Malvinas, ¿no viste? Los ingleses
se hacen los dolobus y se están armando.” / “¿Manzanero?, ja” / “Si hasta el
principe William se vino…, la cosa va en serio.” / “¿De nuevo Guerra? (Juan
Luis), ja” / “Quién sabe, ahora va a hacer un anuncio importante, se cumplen 30
años así que algo tiene que pasar” / “Ah, hay que reventarlos, inglesuchos
chorros” / “Amén”.
Veinte años no es nada, dice el tango. Bueno, treinta no es mucho más que nada tampoco. ¿Se puede aprender algo en treinta años? Tengamos en cuenta que es, como insinuamos, poco tiempo. Bueno, sí, quizás se pueda aprender bastante en ese lapso, pero, más claro nos queda hoy cuan fácil es demostrar que no se aprendió absolutamente nada.
Veinte años no es nada, dice el tango. Bueno, treinta no es mucho más que nada tampoco. ¿Se puede aprender algo en treinta años? Tengamos en cuenta que es, como insinuamos, poco tiempo. Bueno, sí, quizás se pueda aprender bastante en ese lapso, pero, más claro nos queda hoy cuan fácil es demostrar que no se aprendió absolutamente nada.
Las Islas Malvinas son hace ya largo tiempo, por
sobre todas las cosas, un rotundo símbolo de patriotismo y amor propio
nacional. Lo eran inclusive hace más de treinta años, y como para agregarle la dosis
de heroísmo y emoción justa, cual película melodramática, le adjuntamos una
guerra absurda ante la mayor potencia histórica de la humanidad la cual arrojó
una obvia derrota abismal. ¡Katabum!
El reclamo argentino, hoy puesto nuevamente en (nuestra)
escena, basa sus postulados en la proximidad de las islas con el territorio
nacional, geográficamente inobjetable. Pero nada es tan sencillo. Lo que se
omite tener en cuenta es la historia. De los casi 202 años de historia
argentina, 178 años las islas tuvieron ocupación permanente inglesa, y los
restantes la ocupación fue solo animal y vegetal. Hoy, los “falklanders” se sienten más británicos que
argentinos, eso teniendo en cuenta que estuvieron toda su vida (los actuales y sus antecesores)
a menos de 500 kilómetros
del territorio continental argentino y a más de 12.000 de su tierra natal.
Pucha, ¿no habremos hecho algo mal? Con la geografía no siempre alcanza.
No está en nuestra agenda
aprender de los errores, claro está, por eso hoy se intensifican los bloqueos y
las hostilidades para con los “malvileños”. La prepotencia es nuestro lema, la necedad nuestro estandarte. Lo hizo en su momento el polo más duro y
combatido de la derecha (por ponerlo en términos políticos) y ahora lo retoma
descaradamente, bajo la sábana de la diplomacia, la pseudo-izquierda de turno que
tanto condena a aquellos. El mismo mal, la misma pena. Has de beber identica
sustancia en distinto vaso y no te anoticiarás, mientras los 500 kilometros,
cual Pangea y Pantalasa, se estiran y se estiran más.
Como si todo este circo
patriótico no tuviera la suficiente carga de irracionalidad, se torna evidente,
una y otra vez, que es una mera pantalla para mantener el vigor activo pero,
por sobre todas las cosas, enfocado en una dirección que no entorpezca el accionar
interno. Sauron alguna vez posó su enorme ojo sobre aquel descomunal ejército
cuando en realidad el anillo lo tenía a sus espaldas un simple hobbit (analogía
solo apta para cinéfilos). En síntesis, ¿para qué confrontar entre nosotros si
podemos confrontar con los de afuera? ¿Entre nosotros discrepamos? ¡Qué
importa! El eje del mal está allá, en el fastuoso imperio colonialista (Chavez
dixit).
“¿Me parece a mi o la Presidenta no dijo
absolutamente nada?” / “Vos no entendés nada de política, está plantándose
firme, mierda! Van a aprender los ingleses estos..”
Seguramente alguna vez ya lo mencioné: es sin dudas
admirable el manejo mediático que tiene este gobierno. Supera, en ese rubro, a
todos sus predecesores. Son nefastos los usos que le da a ese “talento”
mediático, pero ello no logra evitar que me genere admiración. Nos tuvieron
varios días a la expectativa de un comunicado que diera a conocer una medida
totalmente transgresora en lo que al reclamo territorial compete, que
“sacudiría al mundo”, que haría temblar la Casa de Windsor. Y obvio, ¡no pasó absolutamente
nada! Se condenó la “militarización” de las islas (aunque Williams y sus
colegas vienen todos los años, casi de rutina sus movimientos) y el único
anuncio que se hizo fue la construcción de un hospital mental para ex
combatientes. ¿Es una cargada? No, eso pasó. ¿Y lograron su objetivo? Claro,
instaurar nuevamente el fervor patriótico banal y asegurar que “Sauron” mire
hacia otro lado al menos de acá al 2 de Abril.
A todo esto, ¿qué joraca hace Sean Penn acá metiendo
la cuchara? Todo suma, diría alguna abuela. La carpa del circo ya está
completamente armada, todo listo para la seguidilla de funciones. ¿Pasó alguna
vez este circo por este pueblo? Mmm, yo creo que sí, habría que preguntarle a algún
viejo memorioso del bar de la esquina. Mientras entretenga, no hay mal que por
bien no venga.
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