lunes, 22 de octubre de 2012

Espejo bolivariano

Ahora, recién, cuando escribía el título me acordé de él y entendí el por qué de algo que le pasó hace poco. Era obvio, lo desenterraron para que no se revuelque más y termine por destruir su propia tumba al escuchar todo lo que se dice y hace en su nombre. Lo han de tener atado ahora, con chaleco de fuerza, cual loco…vivo. Pobre Bolívar.
Yo creo que nunca, absolutamente nunca fuimos tan concientes de que existía Venezuela como ahora. Un país de los de por ahí arriba, medio tirando a caribe, metido en esa gran bolsa de naciones calurosas, con tonadas empalagosas y banderas color amarillo, rojo y azul. Eso era Venezuela para los argentinos. Pero las cosas cambian, my friend, y ahora Venezuela es el “bolivariano” ejemplo a seguir de socialismo siglo XXI. Me perdí de algo…
Si, claro, te perdiste de 13 años de Hugo Chávez: un simpaticón personaje que irrumpió en la escena latinoamericana (dudo que en el resto del mundo lo junen tanto como creemos) y se autoproclamó líder de la “patria grande”, la unión de los pueblos de estos lares, que viven una suerte de resurrección del fervor patriótico y revolucionario de la mano de ciertos personajes de dudosa intencionalidad e integridad (permítanme dudar, al menos a mí). Instaurado el debate está sobre cuanto y cómo nos debemos parecer a este tipo y su revolución con olor a dictadura. Los extremos son malos, reza el dicho, yo le agregaría que además de ser malos se parecen demasiado.
Chávez fue reelecto hace escasos días por seis años más. “Están en un pozo más profundo que el nuestro”, fue lo primero que atiné a pensar. Alguien enseguida me paró el carro y me develó una gran verdad: al menos ellos pudieron concentrar una fuerza opositora sólida que alcanzó el 45% de los votos. Acá la mayor fuerza opositora concentra un magro 15%. Trágame tierra.
Lo cierto es que hoy desde aquí miramos como nunca hacia allí. Miran entusiasmados los que entienden que ese es el modelo y el ejemplo a seguir; y miramos aterrados quienes creemos ver nuestro futuro en aquella inmensa patraña de populismo, clientelismo y corrupción, madre directa de nuestra patraña local. Es la elección del espejo en el que nos miramos lo que terminará determinando hacia donde vamos. ¿Tiene sentido comprar un espejo venezolano pudiendo comprar uno brasilero? Mmmm… 
Es esa sin dudas la reina de las incoherencias. Por capacidad productiva e inclusivo afinidad histórica, la política argentina tendría que ser complementaria al gran socio sudamericano, quien busca hoy día pujantemente, con políticas sensatas y sustentables, ocupar el sitio preponderante que por tamaño y población le corresponde en el escenario mundial. Es el momento óptimo para aprovechar la inercia y succión que el gran crecimiento del carioca vecino del norte nos puede aportar. Pero no, la obstinación argentina del siglo XXI prefiere el neo-despotismo revolucionario anacrónico caribeño, más propio del siglo pasado que del actual. Son esas cosas “sin ton ni son” que pueden pasar solo aquí.
En esas estamos, adhiriendo a medias tintas a un modelo social-petrolífero propio de otro espacio y otro tiempo. Acá petróleo no hay, y Bolívar no es más que una ciudad que nos remite más al voley y a Tinelli que al libertador. Romper un espejo, dicen, trae siete años de mala suerte. Dadas las opciones, quizás sea ese el mal menor. 

Espejito, espejito, ¿quién es el más bolivarianito?

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