jueves, 18 de agosto de 2011

Cómo la noche de un viernes deviene en la noche de un domingo

¡Válgame! ¡Qué fin de semana! Demasiados sucesos condensados en dos magros días. Y en la semana me voy a aburrir, lo sé.
Entre la noche de un viernes y la de un domingo hay 48 horas. Vaya novedad. Esto, claro está, si se considera que la noche del viernes ocurre antes que la del domingo, de lo contrario la distancia entre ambas es de 24x5 (saquen su propia cuentita). Pero bueno, lo interesante es lo que pasa de viernes a domingo. ¿Cómo el momento más feliz de la semana se transforma, en tan poco tiempo, en el momento más triste? Viernes, con todo el relajante fin de semana por delante, contra la noche del domingo y su promesa de convertirse en lunes laboral en pocas horas. Es sin dudas un misterio. Son solo 48 horas, o una cuadra, o una esquina.
Dos eventos atravesaron transversalmente este fin de semana: elecciones y un amorío casi de a tres. Arrancaré por la historia menos burda….. ehh, mmmm, ahh…, bueno, hago ta-te-ti. Amorío.
La noche del viernes fue algo así como una noche de ensueño. La concreción de algo que se venía gestando de forma inequívoca. Nada más, materializar al fin todo lo dicho. Una noche como para ponerle moñito y guardar en el cofre de los recuerdos. Pero claro, eso fue el viernes y los viernes todo siempre parece color de rosa. Puede estar ocurriendo una tragedia, puede estar acabando el mundo, pero no importa, es viernes, el lunes verás como lo arreglás.
 Distinta es la predisposición que uno tiene para con el mundo el domingo a la noche. Ya no es viernes, y es duro enfrentarlo. Más aun si te enterás medio de rebote que la noche de ensueño fue custodiada de cerca por un ave de rapiña amiga. Sí, es amigo, así que con más autoridad puedo decir que es ave de rapiña. Bueno, parece que ante una mínima decaída de mi guardia hubiera sido capturado mi objeto razón de existir de esa noche por el susodicho ave, deseoso de alimentarse de lo vestigios de todo aquello que ya o aun no es. Sin embargo, como les mencioné, era viernes y uno tiene otra predisposición por lo cual la guardia no fue susceptible de ser derrocada.
El domingo, por más que uno no quiera, llega. Peor aun, la noche del domingo. ¿Se puede ser tan iluso de querer disfrazar de viernes la noche de un domingo? Sí, se puede, y puedo ser yo el que lo intente tranquilamente. Pero enseguida nomás te bajan de un sopetón al domingo en el que estás parado. Claro, ya no es viernes, ¡¡¡reaccioná querido!!! Ahí, a escasos 100 metros de la noche ideal se desayuna uno con que hay un ave de rapiña en discordia. Qué difícil de digerir. Pensar que le dí la mano el viernes, ilusamente, sociabilizando y compartiendo mi situación. ¿Me tiene que indignar más la presencia de un tercero o el hecho de que ese tercero sea un rapiñero y, peor aun, un amigo? Es un interrogante que no logro despejar. Por lo pronto... yo los viernes, vos los sábados, y el domingo tiramos la moneda.
El otro suceso es de público conocimiento: elecciones primarias. Soy opositor del gobierno nacional, no tengo problemas en admitirlo, y lo hago siempre. Y la verdad, fue tan avasallante el triunfo kirchnerista que ni ganas de analizarlo me dan. Nosotros, los que no creemos en el modelo nacional y popular de país tuvimos que salir a manotear candidatos que nos pudieran inspirar cierta confianza y que, además, escondieran la tibia promesa de hacer algo de fuercita. Puuuffff!!! Ni sumándolos a todos, ni apilándolos, ni metiéndolos todos juntos en una lista cuya boleta tuviera todos los colores del prisma. Ni siquiera así hubiera habido resultado favorable. No hay ni uno que me termine de convencer o que me haga cantar a los cuatro vientos mi voto, orgulloso, convencido de la decisión. Qué pocas ganas de empujar ese sobrecito en la urna.
Puede que en algún momento se haya generado cierta ilusión de ejercer oposición en octubre. Bueno, el viernes a la noche quizás. En ese momento todo es color de rosa. Pero el domingo no tarda en llegar, y a cualquier encuesta ilusa la tapa un escrutinio oficial capaz de dejarnos boquiabiertos como ocurrió en Capital días pasados. Y en su momento defendí a quienes votaron a Macri, y hoy defiendo a quienes votaron a Cristina. Semejante resultado no es casual, claro está. Sigo pensando que este gobierno es una mentira, pero peor aun, ahora tengo la certeza de que la gran inmensa mayoría de mis pares cree esa supuesta mentira como verdadera. “¡¡¡Sálvame Jebus!!!”
El viernes pasó y nos elevó, su recuerdo nos bastó para subsistir el sábado, y el domingo nos fue de a poquito acomodando en la realidad. Lunes, nos tuviste servidos en bandeja. La euforia la recuperarémos con suerte el viernes que viene, o en cuatro años. Martes, has de mí lo que quieras, confío que el miércoles me trate mejor.

1 comentario :

  1. muy bueno juli!! me re cague de risa!!

    larvas consumidoras huespedes y pollos derrapiñas han ingresado en un boliche para arrasar con cuanta dama se cruce...q lo pario!! dieron con la misma en el curso de la noche!!

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