lunes, 22 de agosto de 2011

El "shakirismo" y la locura que no es

“Uhhh, ¡¡¡qué loco!!!” Je, qué loco, ¿no? ¿Tan loco? ¿Qué cosa? ¿De qué me hablan? Todo es loco, todos somos locos. ¿Qué queda entonces para los que están realmente locos? Andá a saber, pobres. Pareciera que nos adjudicamos descaradamente la locura de cabotaje que intentamos llevar a cabo bajo el rótulo de “la gran locura”. Loco es solo aquel que no puede caer en la cuenta ni siquiera de su estado, ¿estamos? Igual intentaré escribir “algo loco”.
Así es, las cosas “locas” nos invaden, la psicodélia nos absorbe. “Qué locoooo, qué flash chabón!!!” ¿De qué locura me hablan? Pararse cuatro pelos con gel, ponerse tatuajes y piercings hasta en el occipucio, llevar los lienzos bajos, tachas y colgajos,  tener el lunfardo a la orden del día. “Limado flashero, la re flasheaste man, que copado, te re banco, aunque bardeas mal a full” ¿Ehhh? ¿Qué me están queriendo decir?
Vale la pena hacer una salvedad importante: pese a que imaginen a un viejo arrugado y fastidiado escribiendo estas líneas, debo confesar que tengo 23 años. Sí sí, 23. ¿Qué pasa entonces? Simple, no me como la gran mayoría de los versos que circulan, que pululan en el medio. Y ojo, no estoy orgulloso de ello. Cuan feliz sería hablando, sintiendo como lo hace el mundo de mi edad. Pero no me sale. Con el tiempo uno lo acepta, deja de fingirse algo que no es y habla así, con propiedad, ¡mierda! No me sale decir “flashero”. A ver, que alguien me explique, ¿qué carajo es flashearla? Temo saber un indicio de la respuesta: flashearla es generar contenido, sustancia incoherente, carente de sentido lógico, es actuar impulsivamente urgido por la motivación del flash (?). Ma’ sí, qué se yo.
Ahora hablemos brevemente de la “locura de los destetados”. A saber: periodo que atraviesa determinado tipo de personas al dar por finalizada una relación sentimental prolongada. Síntomas: rebeldía forzada, desfachatez exagerada, cancherismo, apiolamiento excesivo, hipersociabilización. En fin, todas las cosas que ni siquiera insinuaron por tanto tiempo y que ahora quieren hacer en dos meses, antes de embarcarse en otra prolongada e igualmente fallida relación sentimental. Shakira, con la loba, el tigre, la rabia y la mar en coche, mejor ejemplo imposible.
Eso es un tipo de locura, claro está, o intenta serlo al menos. ¿Pero cuanto de genuino tiene esa locura? Nada, es una careta que busca, mediante la aprobación por parte de los inmediatos, la propia aprobación de uno para consigo mismo. ¿Cuánto tardan esos sujetos en darse cuenta que no son ellos mismos los que llevan adelante los actos? Puede que el tiempo sea proporcional al tiempo que estuvieron comprometidos. Un 30% del tiempo total, pongámosle.
“Ayyyyy… que loca estas!!! Que bien te vino pelearte!!!” Puffff, una loca bárbara: cinco años teniéndole la vela al zoquete en cuestión hasta que el susodicho se da cuenta del cansancio que le ha generado que simplemente le tengan la vela así que la patea, desatando así la ira de la “loca shakiresca” que la despechada lleva dentro. ¿De qué locura me hablan? Son los comportamientos más obvios y predecibles, y pareciera que tienen que sucederse hasta que el péndulo abandona el vaivén y pone a esa muchacha o muchacho en el centro, lejos de las actitudes extremistas del casamiento y/o el atorrantismo ficticio.
Dicho atorrantismo ficticio, créanme, es una plaga. Almas desconcertadas forzando una vida de “excesos” con la cual no comulgan ni congenian. Es la diferencia entre estar borracho y hacerse el borracho. ¿Para qué? ¿Para demostrarle al mundo que sos capaz de transgredir tus propios límites? ¿No estarás más bien evidenciando tu incapacidad de hacerlo?
Primero, aceptémonos tal cual somos. Fiesteros atorrantes natos en el mundo hay pocos. El resto somos una manga de autoengañados intentando imitarlos, deslumbrados por su inhumana capacidad de vivir sin siquiera rasguñarse, sin conmoverse, sin inmutarse. Insensiblemente. A nosotros, nos guste o no, la vida nos deja marca. Una locura, ¿no?
Segundo, no nos hagamos los locos porque nos sale decididamente mal. Los únicos que se comen ese buzón son los pares, aquellos que también se hacen los locos. Obviamente, festejan las mediocres monerías de sus colegas como les gustaría que fuesen festejadas las propias.
La flashié, la limé mal, perdonen, cualquiera. ¿Por qué este tema para un artículo? No sé, me pintó. Me estoy haciendo el loco, ¿qué me pasa? Voy a tomar sandía con vino a ver que onda (¡¡¡qué locura!!!) o voy a aspirar un sobrecito de jugo Tang (¡¡¡flash!!!). ¿De qué locura me hablan? De ninguna, obvio, todo esto es pantomima. Si hay algo peor que mentir, eso es mentirse a sí mismo. Para locos… está el Borda.

“…no ves que va la luna… rodando por Callao”

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