jueves, 10 de noviembre de 2011

La culpa es de los políticos

Aahhhh…, te agarré!!! Sí, sí, a vos. No, no mires hacia atrás, boquiabierto, buscando el destinatario de mis palabras. Te estoy hablando a vos, que entraste al artículo sonriente, gozoso de identificarte con el enunciado de un título determinantemente tajante. Sí, a vos que te estas limpiando el oído con la lapicera que te afanaste del laburo, o a vos que estas narrando la hazaña de saquear el mostrador del kiosquero mientras le encomendaste la ingenua búsqueda de pilas AAA. Les hablo a ustedes, a aquellos que creen firmemente que el principio y el fin de todos los males terrenales se encuentra en los políticos de turno. A vos, te pregunto, ¿la culpa es de los políticos?
Está claro, en el gen, en el ADN argentino está marcado a fuego. No somos capaces de hacernos cargo, de asumir responsabilidades. Estamos como estamos por culpa de otro, el que pasa en rojo es siempre otro, inclusive el que no asume responsabilidades también es otro. El otro me hace foul a mí, gusto a mí, que soy Maradona. “¡¡¡Echálo jué’!!!!”
“Dime quién te gobierna y te diré quien eres”. Nos olvidamos, omitimos pensar que toda la sarta de corruptos que tenemos como gobernantes son hijos directos de esta sociedad. Nuestra sociedad. A ver…, por más que suene a frase hecha , la sociedad no es algo que está ahí, inocuo, inmodificable. La sociedad la construimos todos y cada uno de nosotros. Inconcientemente. Y es esa construcción la que, parto natural mediante, da a luz esos engendros que nos lideran. No los podemos dar en adopción, hagámonos cargo.
Es un cliché culpar a los políticos por los tormentos del país. ¡Pobres! Son simples argentinos con inconmensurable poder, con todo el peligro que ello implica. Hacen allí, en la cúspide, lo mismo que cualquier argentino: cagarse en el mundo entero, siempre con una sonrisa más ancha que la 9 de Julio. Porque de garcas está lleno el mundo, pero que el que te cague sea a su vez tu amigo… eso es un don bien argentino. No hay que ser muy lúcido para descubrir que la corrupción de un presidente tendrá mas damnificados que la de un oficinista. Pero…, corrupción al fin.
Se me viene a la memoria el programa de TV “El gen argentino”, emitido un par de años atrás. Allí, la gente debía votar e ir generando un podio de personajes que representaran la esencia argentina. Recuerdo con exactitud que yo era el único ser viviente que sostenía que el ganador tendría que ser Menem. ¡¿Menem?! Sí, Carlos Saúl. ¿Estamos eligiendo al personaje que nos gustaría que representara el ideal de  argentino, o estamos eligiendo al personaje que mejor representa a los argentinos tal cual somos? Porque a todos nos gusta escuchar las hazañas de San Martín o el Ché y su fraternidad para con otros pueblos, pero poco, muy poco tiene que ver eso con nosotros. Si somos egoístas, embusteros, garcas, verseros, entradores, falsos. ¿Vieron? Se los dije, Menem.
Otro que resume la forma de ser argentina es Diegote, sin dudas. Obstinado, engreído, irrespetuoso, mal hablado. Despilfarra argentinismo por donde quiera que va, y hasta tenemos la caraduréz de festejar sus exabruptos (cual jefe de gabinete, ejem!!). “El Diego es el Diego”, dice un flaco en una esquina, como quien justifica las travesuras de un menor por el mero hecho de ser niño. ¿Puede haber algo peor que la necedad? Sí, que se la festeje.  
Ya lo dice algún viejo chiste: Dios le dio todo a la Argentina, pero después puso a los argentinos, como para compensar. No puedo empecinarme en criticar políticas turbias cuando son apoyadas masivamente. No podemos cuestionar el liderazgo sin entender qué es lo que se lidera. El problema que se ve en la cima tiene su clara justificación en los cimientos. Y el arquitecto no se va a hacer cargo, claro está, es argentino. “La culpa es del ingeniero, je”    

“El Che, Gardel y Maradona son los number one, como también lo soy yo, y argentinos… ¡gracias a Dios!”  (La argentinidad al palo – Bersuit Vergarabat)

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