domingo, 30 de octubre de 2011

Kadafi, la urna y la dieta de los polinesios

Una vez más, nuevamente, me veo tentado a hablar de globalización. Imposible evitarlo por estos días. Qué fascinante, ¿no? Pueden pasar tantas cosas en simultaneo, todos paraditos sobre el mismo trozo de roca revoloteando en el espacio y cada uno en lo suyo, con sus preocupaciones.
De este lado del mundo miramos Libia hoy con la mirada de las grandes potencias (aunque no lo somos), horrorizados por cómo matan y celebran muertes como bárbaros. Consumimos noticias del “inframundo” con los ojos grandes mientras con una mano comemos pochoclo y con la otra empujamos un sobrecito en una urna. Es un sobre, son unos papelitos…, ¡qué tanto escándalo! Poco, poco le importan nuestras cinematográficas preocupaciones al polinesio de sobremesa, al otro lado del planeta. Está redondo como un tonel y se regocija de solo imaginar la siesta que está a punto de consumar.
Vamos pasando en limpio. Mataron a Kadafi, el líder libio, y una vez más nos vemos en un brete: no sabemos si ponernos tristes, si ponernos contentos, si está mal, si está bien. Más aun, lo exhiben en un freezer, antítesis así del prófugo cadáver de Osama Bin Laden. “Ni muerto ni vivo”. Y una vez más los dilemas morales: ¿está bien que lo maten?, ¿era malo o era bueno?, ¿debe matarse a aquellos que matan?, ¿nos puede alegrar algo que alegre a los norteaméricanos?, ¿está bien que opinemos nosotros que, al igual que ellos, no tenemos real noción de lo que pasa en ese país? Mataron a Kadafi, ¿y? ¿nos incumbe? Bueno, entiendannos, somos gente de mundo. The globalization, ¿vió?.
Por estos lares, en cambio, muy ocupados hemos estado con el segundo intento de elecciones. Ya sabíamos hace ratazo el resultado, pero bueno, había que hacer el trámite. Sorprendió “mi abuelo” Binner (se le parece bastante, ya se los había comentado) con un notable segundo puesto que lo posiciona como primera minoría. Y hasta a los K les cae bien. “Sería mi segunda opción”, me confesó por estos días un amigo obnubilado por el proyecto “social y popular” actual. No sé si alegrarme de ello. Lejos está de ser mi segunda opción Cristina. ¿Qué le ven entonces ellos a mi primera opción? Tanto fanatismo inconsistente ha logrado que el mero hecho de coincidir en algo me preocupe.
De los ganadores mucho para decir no hay. Compramos cuatro años más de todo lo que ya está. La provincia será aún más naranja y el país será tan “para todos” que es probable que hasta los polinesios consideren venir, menos atraídos por el camioncito de “Carne para todos” que por su chofer.
Detalle de color: el piola y juvenil presidente del Senado tocará la guitarra eléctrica subido a su banca y no tendrá voto “no positivo” como su aburrido y desleal antecesor. Se aprende de los propios errores y es ahora la lealtad a la “reina madre” la cualidad indispensable para ser parte del séquito. ¿Capacidad intelectual? Naaa…, ¿para qué? Al fin un vicepresidente que haga lo que se le ordena sin chistar. ¡Joder!.. que para eso es ese cargo. ¡Ah! …y a no abrir la boca y decir barrabasadas, que para eso tenemos otro cargo previsto.
“Trágame tierra”, dirá el 47% de los argentinos por estos días. Bueno, algo así quizás dijo aquel alemán que deambulaba por la Polinesia con la cámara de fotos colgada del cuello y la ropa Montagne delatora de su condición de turista. Claro, no lo habrá dicho en sentido literal, ni tampoco esperando que la tierra sea sustituida, en este caso, por un grupo de glotones nativos. Dudo también, por más solidario y compasivo que fuera, que estuviera dispuesto a dejar la vida en pos de erradicar el hambre de esos sitios marginales. Hay quienes sostienen que lo último que escuchó decir previo a ingresar a la hoguera fue un: “A vos te como crudo, rubiecito maricón”, identificado luego el agresor verbal como “Caníbal Fernández”, segundo en jerarquía dentro de la tribu y líder en exabruptos. ¡Pucha! Pensar que podrían haber guardado y exhibido el exquisito majar alemán en un freezer. ¿Vieron? Estos polinesios no entienden nada de civilización.

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