Una vez más, nuevamente, me veo tentado a hablar de
globalización. Imposible evitarlo por estos días. Qué fascinante, ¿no? Pueden
pasar tantas cosas en simultaneo, todos paraditos sobre el mismo trozo de roca
revoloteando en el espacio y cada uno en lo suyo, con sus preocupaciones.
De este lado del mundo miramos Libia hoy con la
mirada de las grandes potencias (aunque no lo somos), horrorizados por cómo
matan y celebran muertes como bárbaros. Consumimos noticias del “inframundo”
con los ojos grandes mientras con una mano comemos pochoclo y con la otra
empujamos un sobrecito en una urna. Es un sobre, son unos papelitos…, ¡qué
tanto escándalo! Poco, poco le importan nuestras cinematográficas
preocupaciones al polinesio de sobremesa, al otro lado del planeta. Está
redondo como un tonel y se regocija de solo imaginar la siesta que está a punto
de consumar.
Vamos pasando en limpio. Mataron a Kadafi, el líder
libio, y una vez más nos vemos en un brete: no sabemos si ponernos tristes, si
ponernos contentos, si está mal, si está bien. Más aun, lo exhiben en un
freezer, antítesis así del prófugo cadáver de Osama Bin Laden. “Ni muerto ni vivo”. Y una vez más los
dilemas morales: ¿está bien que lo maten?, ¿era malo o era bueno?, ¿debe
matarse a aquellos que matan?, ¿nos puede alegrar algo que alegre a los
norteaméricanos?, ¿está bien que opinemos nosotros que, al igual que ellos, no
tenemos real noción de lo que pasa en ese país? Mataron a Kadafi, ¿y? ¿nos
incumbe? Bueno, entiendannos, somos gente de mundo. The globalization, ¿vió?.
Por estos lares, en cambio, muy ocupados hemos estado
con el segundo intento de elecciones. Ya sabíamos hace ratazo el resultado,
pero bueno, había que hacer el trámite. Sorprendió “mi abuelo” Binner (se le
parece bastante, ya se los había comentado) con un notable segundo puesto que
lo posiciona como primera minoría. Y hasta a los K les cae bien. “Sería mi segunda opción”, me confesó
por estos días un amigo obnubilado por el proyecto “social y popular” actual.
No sé si alegrarme de ello. Lejos está de ser mi segunda opción Cristina. ¿Qué
le ven entonces ellos a mi primera opción? Tanto fanatismo inconsistente ha
logrado que el mero hecho de coincidir en algo me preocupe.
De los ganadores mucho para decir no hay. Compramos cuatro
años más de todo lo que ya está. La provincia será aún más naranja y el país
será tan “para todos” que es probable que hasta los polinesios consideren
venir, menos atraídos por el camioncito de “Carne para todos” que por su
chofer.
Detalle de color: el piola y juvenil presidente del Senado
tocará la guitarra eléctrica subido a su banca y no tendrá voto “no positivo”
como su aburrido y desleal antecesor. Se aprende de los propios errores y es
ahora la lealtad a la “reina madre” la cualidad indispensable para ser parte
del séquito. ¿Capacidad intelectual? Naaa…, ¿para qué? Al fin un vicepresidente
que haga lo que se le ordena sin chistar. ¡Joder!.. que para eso es ese cargo. ¡Ah!
…y a no abrir la boca y decir barrabasadas, que para eso tenemos otro cargo
previsto.
“Trágame
tierra”, dirá el 47% de los
argentinos por estos días. Bueno, algo así quizás dijo aquel alemán que
deambulaba por la Polinesia
con la cámara de fotos colgada del cuello y la ropa Montagne delatora de su
condición de turista. Claro, no lo habrá dicho en sentido literal, ni tampoco
esperando que la tierra sea sustituida, en este caso, por un grupo de glotones
nativos. Dudo también, por más solidario y compasivo que fuera, que estuviera
dispuesto a dejar la vida en pos de erradicar el hambre de esos sitios
marginales. Hay quienes sostienen que lo último que escuchó decir previo a
ingresar a la hoguera fue un: “A vos te
como crudo, rubiecito maricón”, identificado luego el agresor verbal como “Caníbal
Fernández”, segundo en jerarquía dentro de la tribu y líder en exabruptos.
¡Pucha! Pensar que podrían haber guardado y exhibido el exquisito majar alemán
en un freezer. ¿Vieron? Estos polinesios no entienden nada de civilización.
Me encanta leerte :) muuuy buenas reflexiones.
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