jueves, 26 de abril de 2012

Ya Parió Filomena

…y vaya que trajo varios panes bajo el brazo el crío, alimento de nuestro insaciable apetito mediático.
No sé si será cuestión familiar. Muchas veces doy por conocidas expresiones que luego caigo en la cuenta que solo usa mi familia, más precisamente mi viejo. Esta es una de ellas, y la aclaro por las dudas.

-   ¿Saben que significa la sigla YPF?
-   No pá.
-   Ya Parió Filomena. Jua, jua…

Chascarrillo familiar. Qué original que estuve con el tópico que elegí para escribir, ¿no? Era inevitable, que le vamos a hacer. Uno sucumbe, a menudo, o más bien a diario, ante los temas de actualidad que se nos meten hasta por los poros. Sin embargo voy a tratar de ser objetivo (mentira más grande) y más que hablar de la “natalidad de Filomena” me gustaría reflexionar sobre como este suceso nos pasó por arriba, como un camión, como un tren desbocado. Tal es el punto que no sé…, si me agarrás desprevenido y me pedís que en cinco segundos te tire un tema de actualidad de la semana anterior te pego una balbuceada atroz. “Bu… buuu… buu……. Boudou!!!” Ahh, pero claro, pasaron más de 5 segundos, puta má’!
Vamos a hacer una breve reseña para nuestros queridísimos caídos del catre que no entienden de que “guatafack” hablamos. La semana pasada el gobierno nacional argentino propuso expropiar (falta que apruebe el poder legislativo) gran parte de las acciones de la petrolera YPF a la petrolera española que tenía su “concesión”, Repsol. Esto reavivó, nuevamente, el fervor patriótico bajo consignas como “recuperamos la soberanía sobre el petróleo nacional” y barrabasadas por el estilo como si no hubiéramos sido cómplices y testigos, en su momento y todo este tiempo, de su venta y su saqueo por parte de los gallegos. “Yo no fui”, diría Bart Simpsons. En fin, dije que sería objetivo (también dije que era mentira), el pasado pisado, en el peor de los casos si nos van a chorear mejor que nos choreen coterráneos así la guita queda en el país. Plantéatelo así.
Este tajante anuncio generó, como les decía, una especie de euforia nacionalista. Escuché a gente decir “estoy feliz” o “al fin puedo tener mi parte de lo que me corresponde” (?!). Gente, claro está, que hace dos semanas no tenía la más pálida idea en manos de quién estaba YPF ni le importaba. Es la misma gente que, además, habla de que la ley de medios predecesora era de la dictadura cuando nunca se avivaron de ello por más de 25 años; o la misma gente que por estos días se acordó que en el Atlántico Sur hay dos islitas que alguna vez, hace mucho mucho, fueron argentinas. ¿Tan hipócritas podemos ser?
¿Como se llama eso? Exitismo. Es algo bien nuestro y es ahora, además, una sutil y refinada herramienta de dominio y poder. Nos abrazamos a los sucesos, nos nubla el juicio la realidad, nos enamora el romanticismo mediático sea cual sea su trasfondo. ¿Era tan fácil recuperar YPF? ¿Por qué no se lo hizo antes? ¿Por qué, entonces, les sobamos el lomo tanto tiempo a los españoles? ¿Alguien cree realmente que están capacitados De Vido y cia. para manejar tamaña empresa cuando no pudieron controlar a Repsol? ¿Es aconsejable semejante plantón diplomático con nuestro mayor (o único) aliado europeo? Y la pregunta más importante de todas: ¿soy el único nabo que se hace todas estas preguntas? Parece que todos fueran felices, que nadie tuviera nada que objetar, que a nadie le sonase raro que de la noche a la mañana se plantee YPF como tema de debate y discusión, y que todo sea éxito y felicidad. Suena, cuanto menos, inverosímil. Nos obnubila tan densa cortina de humo(*), que muy útil le debe estar resultando también por estos días a Rajoy, erigiendo un enemigo externo que aleje de los quilombos internos la mirada de sus compatriotas.
Cualquier lectura simplista y superficial podrá deducir erróneamente que estas líneas se oponen a que YPF sea controlada por y para los argentinos. Nada, pues, más alejado de la realidad. Solo se exige, desde este humilde espacio, consecuencia y sensatez en las políticas de Estado, y, sobre todas las cosas, en la opinión pública que es el mayor elemento de poder y, paradójicamente, el flanco más débil del pueblo argentino como conjunto. No regalemos lo único que nos queda por vender que es nuestro sano juicio. Discutible esa frase he, lo sé, pero bueno, supongamos que todavía lo tenemos.
No quiero caer en la crítica inconsistente, o que esto suene a ello. Algún amigo oficialista (los tengo, créanme, y los escucho… ¡créanme!) me dirá por estos días que solo veo lo malo. Será acaso que, más bien, no encuentro sincero y genuino aquello que se cree bueno, amigo mío. 
Filomena parió un monstruo, un monstruo mediático que nos llena de tema y labia para hablar y hablar sin pensar en nada más. A qué partos anónimos e indeseados no estaremos asistiendo, solo Dios sabe. Por lo pronto descorchen esa botella, brindemos por la vida que llega hoy a este mundo. Todo lo que haya pasado antes ya no importa, y lo que está por venir, ahora, tampoco importa. Ya parió Filomena…, y es varón.
  

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