“¡Estoy aburridiso, má!” Estas palabras se las pronunciaba quien les escribe, hace poco menos de 20 años, a su fastidiada progenitora, la cual no sabía a qué otro artilugio recurrir para callar a aquel por entonces infante sediento de entretenimiento. Vaya paradoja, si hay algo que por estos días no estoy es “aburridiso”, má. Pasa de todo, todo el tiempo. No alcanzan las horas para digerir, inmediatamente estamos ante un nuevo banquete mediático que nos dejará pipones. En este país no te aburrís ni mirando Crónica, está claro.
Pasó mucho en un mísero mes. Desde la muerte de Chaves, con todo lo que eso implica acá, hasta la reforma del sistema judicial, pasando por el Papa, la inundación de La Plata, la muerte de la “demoníaca” Margaret Thatcher, el micrófono abierto de Pepe Mujica, y, como frutilla del postre, el destape de un caso de corrupción “farandulero”.
Si hay alguien que le debe la vida por estos días a Lanata, ese es el intendente platense Pablo Bruera. Gracias al informe periodístico emitido el pasado domingo, La Plata y las inundaciones dejaron de ser el centro de atención y el gran ojo crítico de la sociedad, semejante al ojo de Sauron, analogía válida para aquellos conocedores del Señor de los Añillos, posó su mirada ahora sobre el ermitaño Lázaro Baez y su sequito de nabos faranduleros. A saber, el marido de Karina Jelinek, Leo Fariña; y el marido de Ileana Calabró, el célebre Rossi, previamente expuesto por su esposa y Tinelli en el programa de este último.
A simple vista, el perfil de estos individuos parece encajar con la acusación: dos tipos casados con dos boludonas mediáticas, claros escudos de protección, que seguramente nunca preguntaron o intentaron entender de que trabajaban sus respectivos esposos. Mientras la cuenta de la tarjeta se pague en tiempo y forma, ¿por qué tendría que interesar eso? Según este blog pudo chequear con fuentes cercanas a los matrimonios, en el último tiempo se sucedieron conversaciones de este tipo: